AL GRAN JAVIER OYAREGUI…

El pasado día 26 de marzo, día de mi cumpleaños, una de entre todas las llamadas de felicitación me cambió el semblante. Me acababan de comunicar la nefasta noticia de que nuestro gran amigo
Javier nos había dejado definitivamente. Una repentina enfermedad cerebrovascular se lo llevó de este mundo sin prácticamente darnos cuenta. Su pueblo natal de Urritzola en el valle de Ultzama se
quedó pequeño el día de su funeral. El día amaneció nublado, la lluvia aguantó hasta que llegamos al cementerio, pero de repente empezó un diluvio. Parecía como si el monte de Arañotz se revelara
ante la pérdida del que tantas y tantas veces había recorrido todas sus esquinas detrás de las becadas y que llevaba su nombre como afijo. Un gran número de becaderos nos congregamos allí entre
lágrimas contenidas para darle nuestro último adiós, al que fue para muchos, el gran maestro.
Para los que no le conocieron Javier era una persona ejemplar dentro del mundo becadero, amigo de sus amigos, generoso, respetuoso con la naturaleza y gran amante de lo que fue su principal pasión,
los perros. Toda su vida giró alrededor de ellos. Era increíble como cuando le preguntabas por alguna línea, concreta, algún cruce, etc… hacía como que no te escuchaba pero mientras tanto ya había
encendido ese ordenador que tenía encima de las cejas, adornado con los pelos casi siempre alborotados, y extraía la información que te brindaba con generosidad. Era inigualable.
Javier fue uno de los fundadores de nuestra asociación, allá por el año 2003, cuando una serie de cazadores de becada, entre ellos él, nos juntamos para poner en marcha un proyecto que velara por una
gestión racional de la caza de la becada en Navarra. Él estuvo allí desde el principio hasta el final, siendo un ejemplo para todos.
Una de las personas que mejor le conoció fue Nestor Domeño, al que hoy todavía se le saltan las lágrimas al recodarle:
“Hablar de becadas o de perros sin nombrar a Javier Oyaregui va a ser muy difícil para todos nosotros.
Hace ya más de 20 años, lo recuerdo como si fuera ayer, él tenía 34 años y yo tan sólo 17, para mi era una tradición, después de cada jornada becadera llamar a Javier por teléfono.
Le hacía mil preguntas: ¿han entrado Javier? ¿has visto?, ¿dónde están?, ¿en los altos? y ¿los perros? ¿qué tal los cachorros? y él pacientemente contestaba una por una a aquel jovenzuelo con una
ilusión desmesurada por la caza de la becada. Muchos días me invitaba a cazar con él, que para un chaval como yo era el mayor de los privilegios.
Javier era un libro abierto, bueno mejor dicho, un enciclopedia sobre la caza de la becada, el motor de su vida eran los perros, el monte, las becadas, la naturaleza. En definitiva Javier era un
persona libre y así le gustaba vivir.
Para él, el valle de Ultzama, Urritzola su pueblo y los montes de Arañotz y Belate eran su particular paraíso. Conocía todos y cada uno de sus rincones como la palma de su mano y se movía con
destreza en el monte, ya que era su habitat natural.
A veces íbamos juntos a la palomera y no nos dejaba disparar a nada que no fuéramos a aprovechar. Nos decía “si lo cazas te lo comes”. Así era Javier.
Cuantas veces nos reíamos con él cuando contaba que todos los animales eran importantes en la naturaleza, los cuervos, las urracas, los zorros, los buitres… nosotros de chavales no
lo entendíamos, pero ahora nos damos cuenta de la enorme sabiduría que había detrás de aquellas palabras.
Cuando nos dejó sentí una gran pena e impotencia, pero al mismo tiempo me conforta saber que he tenido la gran suerte de aprender cosas de un maestro como él.
Debido a una lesión, Javier estuvo varios años sin poder salir a cazar con la escopeta. Cambió su beretta por una cámara de fotos con la que inmortalizó miles de lances con sus perros. Él contaba que
durante ese período había aprendido más con la cámara que en todos los años que llevaba cazando, ya que al no abatir a la pieza estudiaba sus comportamientos después de infinidad de vuelos. También
decía que había que inventar algo para poder soltar a la becada después del lance de caza sin abatirla. Javier era diferente.
Como comprenderéis, para mi resulta muy difícil definir en unas pocas líneas a una persona tan querida, sólo decir que sobre todo Javier era una gran persona y un muy buen amigo. Adiós Javier.
Otra de las personas con la que Javier mantenía mucho contacto fue Carlos Cañamares:
“Conocí a Javier hace diez años, aunque han sido estos últimos cuatro años cuando hemos mantenido contacto prácticamente a diario. Cazábamos juntos y poco antes de sufrir el ictus acabábamos de hacer
un viaje a Soria por el que estaba muy ilusionado. Tengo que decir que personalmente tuve la sensación hasta el último momento de que Javier lo superaría; pero a la vez prefería no verle sufrir
siendo él consciente de lo que estaba ocurriendo. Era increíble como me seguía con la mirada y contestaba si o no con los ojos.
Su corazón sorprendió a médicos y a todo el que le conoció de verdad y descubrió que detrás de esa persona apasionada por la caza, existía un ser lleno de bondad, amigo de sus amigos y extremadamente
sensible. Javier siempre defendió sus ideas con su peculiar carácter (pero siempre con respeto a los demás) en un mundo complicado lleno de injusticias y sufrió mucho. Le afectaba todo”.
Javier no tenía afición, tenía pasión. No era un depredador, era un gran cazador. Amaba a sus perros. Conocedor del monte y de la becada como ninguno. Era el mejor.
Como anécdota, uno de los días que íbamos a tirar al plato, Javier me decía que no entendía como iba gente a cazar a Argentina y realizaban verdaderas matanzas, porqué para eso ya tenían el tiro al
plato.
También me resultaba curioso que todas las semanas se cocinaba una becada para si mismo… Así era él.
Me gustaría agradecer a sus sobrinos Mikel y Ander que han sufrido mucho y han sido los que le han dado vida a Javier, apoyándole siempre.
Al igual que ellos, nosotros sufrimos su ausencia, pero nos consuela pensar que en el monte notaremos su presencia e intentaremos aprender de ese amor y respecto a la Naturaleza que él siempre
tuvo.
Agur Javier, hasta pronto.
Me hubiera gustado que todas las personas que le conocisteis pudierais haber escrito algo sobre él, pero como podréis imaginar no habrían folios suficientes para plasmar tantos sentimientos.
Las 3 ó 4 últimas veces que estuve con Javier, antes de caer enfermo, no paraba de repetirme un sentir, que quiero que quede reflejado aquí y que seguro nos hará reflexionar a todos, viniendo de
quién viene. Me decía:
“David, tenemos que conseguir que durante un año entero, no se cace la becada en toda Europa. Sólo saldremos a perrear. Hay que intentarlo como sea David, la especie necesita oxígeno y nosotros se lo
podemos dar”
Bueno Javier, aquí tienes el firme compromiso de esta asociación para seguir trabajando en lo que tú creías. Sé que desde dónde quiera que estés nos estarás vigilando y apoyando con toda la fuerza de
tu gran corazón. Para nosotros siempre estarás en nuestras mentes cada una de las veces que pongamos las campañillas a nuestros perros y salgamos a disfrutar de la afición que tanto nos unía, la caza
de la becada.
Hasta siempre Javier.

