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CARACTERISTICAS DE UN BUEN ADIESTRADOR

Carlos Cenoz

Las líneas que a continuación leeréis forman parte de uno de los trabajos que hubo que realizar en el curso de adiestramiento de perros de muestra que la Federación Española de Caza organiza e imparte en sus Instalaciones de Castillejo de Robledo, el cual se celebró el año pasado y al que yo asistí como alumno.

Vaya por delante mi agradecimiento a los profesores del curso Amando Diego, Ricardo Vicente Corredera y Juanjo Hernandez, por sus desvelos para con todos los asistentes al curso y especialmente por el reconocimiento a mi trabajo motivo por el cual me atrevo hoy a sacarlo a la luz.
En dicho trabajo se pedía que intentáramos reflejar cuáles eran a nuestro juicio las características más importantes que un adiestrador debía poseer y en el que yo plasme lo siguiente:

Mil veces leí que el adiestramiento de los perros no era cosa difícil, que solo requería un poco de paciencia y la aplicación de un método contrastado.
“Si no es en un día lo aprenderá en dos, pero al final lo aprenderá.
Ejercicio de sentado: Coloque al perro a su izquierda y tire de la correa hacia arriba, mientras con la otra mano…”
Ya está, ya tenemos el método, ahora nos falta hacer gala de esas cualidades que debe tener un buen adiestrador y que tan a menudo se repiten; paciencia, constancia, justicia, etc.
Todas ellas indiscutibles, ya que sí creo que son cualidades que un adiestrador debe tener, pero también pienso que solo le harán ser bueno si las aglutina en conjunto porque, de nada vale ser muy constante si no se es paciente, y de igual manera no sirve ser paciente si no se es justo…
Por ello quiero destacar una cualidad que para mí es fundamental y que une a todas las anteriores y les da sentido y valía.
Sin ella todo se vuelve tosco, estresante, tenso, irritante. En ella se esconde el secreto de la correcta relación con nuestro perro, tan necesaria para que nos respete y nos reconozca como su referencia en el binomio guía-perro.

Mil veces oí que a los perros se les adiestraba con mano dura.
No son pocos los que creen que aupándose en el estatus de líder a base de mano dura y de terror se abren las puertas del respeto por el guía y el aprendizaje; sin duda que los perros que son buenos bajo ese método podrían ser excepcionales en otras manos.

Una vez tan solo leí, y de esto hace ya muchos años pero se me quedó tan grabado que la recuerdo como si fuera hoy mismo, unas palabras que venían a decir que el verdadero secreto no radicaba tanto en el método y sí en la mano del adiestrador, no tanto en los conocimientos y sí en cómo éstos se trasladaban al perro.

Aquella frase mágica para mí decía tan solo que, un buen adiestrador debía tener una “mano de hierro enfundada en un guante de seda”.
Estas palabras encierran tal cantidad de conceptos y matices que se podrían llenar varias hojas descifrándolas, y que sin duda me ha hecho ser más justo y más paciente y por añadidura más constante, me ha enseñado también a pedir al perro lo que hasta ese momento me puede dar, sin escatimar nunca una palabra de aliento o una caricia.

Como decía, podría llenar varias hojas explicando que significa esa frase pero creo que el secreto de ella radica en el resultado de su reflexión.
Desde aquel día siempre que salgo a mi jardín o al campo a ejercitar con alguno de mis perros me acuerdo de ella, y si la cosa se tuerce hay una voz que me repite:
–El guante Carlos… el guante.

No quisiera cerrar estas líneas sin mandar un saludo a mis compañeros de curso a quienes recuerdo con gran cariño, especialmente a “Pistolín” y su cuadrilla por aquella cena inolvidable en su bodega del pueblo.